sábado, 7 de septiembre de 2013

Septiembre 7, 2013


Consuelo

ME SIENTO SEGURO Y RECIBO CONSUELO DEL ESPÍRITU.
Una respuesta brusca o un reto inesperado puede hacerme sentir disgustado o confundido. Tal vez trate de comprender la situación pensando una y otra vez acerca de ella para luego darme cuenta de que algunas experiencias se entienden mejor con el corazón. Así que hago una pausa, respiro profundamente y acudo a Dios.
Recuerdo que soy una expresión amada del Espíritu, guiada por la sabiduría divina. Al centrar mi atención en la Presencia en mí, recibo consuelo. Nada puede separarme de Dios. Me doy cuenta de que las circunstancias vienen y van, mas Dios siempre está aquí —conmigo, en mí y como yo. Al dejar ir la ofensa o la confusión, me siento seguro y recibo el consuelo de Dios.
Yo los consolaré a ustedes como consuela una madre a sus hijos.—Isaías 66:13

viernes, 6 de septiembre de 2013

Viernes, Septiembre 6, 2013


Armonía

SOY UNO CON LA PRESENCIA DE DIOS.
La palabra armonía a menudo es usada para describir el fluir de notas y sonidos en la música, mas la armonía también denota una vida balanceada. Logro este equilibrio más fácilmente cuando me alineo con la presencia de Dios que se expresa en mí y por medio de mí.
La presencia divina es más fuerte y más estable que cualquier discordia o conflicto. Es una fuerza constante que infunde armonía a mis pensamientos, palabras y acciones. Mediante una conciencia de Dios, experimento mayor paz y ecuanimidad. Sé que con Dios cada circunstancia y cada sueño contribuyen a la armonía y el orden en mi vida y en la vida de los demás.
Bueno es, Altísimo, cantar salmos a tu nombre, anunciar tu misericordia por la mañana, y tu fidelidad todas las noches.—Salmo 92:1-2

jueves, 5 de septiembre de 2013

Jueves, Septiembre 5, 2013

Sutil y brillante

ACOJO EL LADO SUTIL Y BRILLANTE DE LA VIDA.
Mantener el sentido del humor me ayuda a navegar por los retos de la vida. Si estoy atribulado o preocupado, me trato con gentileza y recobro el ánimo. Confío en que el poder del Amor en mí me guiará a través de toda situación.
El amor de Dios me ayuda a ver más allá de las circunstancias, me da poder para proceder con optimismo y valor, y me libera de cualquier carga. Abro mi corazón al Amor y siento que la sutileza de Dios me eleva.
El amor divino me recuerda que nunca estoy solo. Es la presencia eterna de esperanza en mí. El amor de Dios me recuerda no tomar las cosas demasiado en serio y apreciar el lado sutil y brillante de la vida.
Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días.—Salmo 23:6

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Miércoles, Septiembre 4, 2013

Orar por otros

CUANDO ORO POR OTROS, EL AMOR FLUYE.
El agua que fluye encuentra su camino alrededor de los obstáculos. La montaña más alta no puede bloquearla. El valle más profundo no puede contenerla. El agua se mueve por las hendiduras más pequeñas. Se evapora y regresa como lluvia o se congela y se expande sobre la tierra. El fluir del agua alisa aun las rocas más escarpadas.
Asimismo, la oración persistente cambia nuestra experiencia de vida. Entro en el fluir de la oración para navegar por las situaciones hasta que éstas cambien o yo las vea de manera diferente. Creo un espacio sagrado para aquellos con quienes no estoy de acuerdo o que no comprendo. Oro por otros, sabiendo que en el fluir de la vida, el amor siempre encuentra un camino.
Amen a sus enemigos, y oren por quienes los persiguen.—Mateo 5:44

martes, 3 de septiembre de 2013

Martes, Septiembre 3, 2013


Mayor bien

MI MAYOR BIEN ESTÁ SIEMPRE EN DESARROLLO.
Las circunstancias cambian. Los planes son alterados o interrumpidos. La vida toma giros inesperados. Aun así, tengo la capacidad para permanecer en calma al pararme en el piso firme de la fe.
Detrás de cada cambio externo yace la Verdad inmutable de Dios —estable, invariable, consistente. En Dios, existen suficiente poder y fortaleza para superar cualquier experiencia de la vida. En Dios, sé que no estoy solo. Mantengo el valor y la voluntad para recibir con gusto lo que la vida me ofrece.
Cuando las condiciones cambian, soy flexible y paso por los momentos de transformación con facilidad y gracia. Me afianzo a mi fe y sé que mi mayor bien se desarrolla, cualquiera que sea la forma que tome.
Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida.—Salmo 46:2

lunes, 2 de septiembre de 2013

Lunes, Septiembre 2, 2013

 
Descanso
 
Descanso en el momento presente.

Tomar tiempo para descansar es importante para mi salud y bienestar, porque renueva mi mente, mi cuerpo y mi espíritu. Para sosegarme puedo tomar un día libre del trabajo, pasear por mi comunidad, leer un libro o disfrutar de tiempo con mis amigos. Hago de mi bienestar una prioridad.
Dejo que mi mente se calme y se centre en el momento presente. Respiro profundamente, y el aire fresco me llena de energía. Noto las bendiciones en mí y a mi alrededor, y asumo una actitud de gratitud. Descansar me permite dejar ir la tensión física y el estrés mental. Estoy consciente de una nueva vitalidad y de mi habilidad para estar más presente para lo que es importante en la vida.
Seis días trabajarás, mas en el séptimo día descansarás; aun en la arada y en la siega, descansarás. —Éxodo 34:21

domingo, 1 de septiembre de 2013

Domingo, Septiembre 1, 2013

Indetenible

SOY ENERGÍA DIVINA, ¡Y NADA PUEDE DETENERME!
Tengo energía y poder ocultos en lo profundo de mi ser. Cuando enfrento un obstáculo, acudo a mi interior, al poder de Dios que satisface todas mis necesidades. Así como el viento sopla con gran fuerza y poder pero permanece invisible, la energía en mí puede que no sea visible, mas es fuerte, vibrante y siempre presente.
Gracias al poder de Dios en mí, soy capaz de lograr grandes cosas. Al aprender a confiar en este poder, desato mi pleno potencial. Estoy por siempre vinculado a la fuente de mi poder. Dicha fuente es divina, es la energía del universo y es indetenible. Yo soy esa energía divina, ¡y no puedo fallar!
Jesús reunió a sus doce discípulos y, después de darles poder y autoridad para expulsar a todos los demonios, y para sanar enfermedades, los envió a predicar el reino de Dios y a sanar.—Lucas 9:1-2